Murió Hugo Pérez, y la noticia llegó con la lluvia…

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*Que  la  música sea  el  alimento  de la vida.

 Con las  lluvias de  un enero inexplicablemente invernal, nos llegó  la noticia triste de  la muerte de  Hugo  Pérez y el derrumbamiento anímico  de sus  amigos y  vecinos  del  barrio Simón Bolívar, conmovidos  de  corazón, les dejaría  sin  palabras en  la  boca y envueltos en un dolor  replicado para  ir  de  uno  en uno  a su  casa  y  presenciar la  realidad: Hugo,  el  legendario  Hugo,  el protagonista de  muchas fantásticas  novelas musicales en  tiempos  de “El  Gran Pijúan”, en  efecto, había  muerto.. y  en  la  cuenta de los…”te acuerdas de…”, vendrían  las  recordaciones  contadas  con el desgano de la  nostalgia, acaso para  no romper en lágrimas y  mejor hacer de su vida un  relato con  la emoción repartida entre  todos… Y entonces,  con  cada pedacito de  narración,  ahora escribo esto y  reconstruyo o, mejor, recreo lo  que  fue el  amigo, a quien conocí siendo él ya  mayor pero  aún  el  grito de… ¡Aquí  suenaaaaa… El  Gran  Pijuán! Era cortante y  definitivo en  la  barriada y  un abismo de  música salsa, en  el piano  de Richie  Ray y  en  la  voz  de Bobby  Cruz,  se hundía en  la  noche y  la  fumarola de  la primitiva cannabis, dejaba en los “tiradores de  pase”, al  son del “Jala Jala (En Puerto Rico la gente goza más/ El jala jala sabroso de verdad/ Y a todo el mundo quiere jalar pa’ lla.”)…una seriedad  sonriente…Lo demás, viejo  Hugo, debió ser  natural…la  reyerta entre  seguidores de  tu  máquina de  música, la llegada  de  la  policía  que  un “sapo” llamó, la  bacanería del  aquí  no  ha pasado  nada y  que  siga  la  fiesta porque en  tus tiempos, viejo  Hugo, con salsa brava no  había malentendidos…y bajo tu “ salsa  y control de los  hermanos Lebron”, tomaba  más importancia la  rumba  ilimitada…

Eran los  tiempos en  que procedente del  Caribe,  sin pagar impuesto, llegaban al  terminal  de  Barranquilla barcos cargados de  música salsa de impacto  público y,  tú,  joven,   Hugo, de  bacán en  la esquina,  de  zapatos blancos, pantalón de lino clásico y camisa  guayabera, por la  tarde saludando a  todo  el  mundo en el apretón de  mano de  los acreedores de tu  vacile y  ni  la  lluvia  del “ aguacero  de  mayo  que  va  a caé”…,  te  mojaba…

Hoy,  viejo Hugo,  con  tu  muerte  elevado a  la categoría de  las  letras,  te escribo en  el legítimo sabor del  rebolero arrebatoa que nunca murió en ti,  tirador  de  dato y  mano presta para  ayudar al  más  necesitado…

…Está  Hugo  Pérez  y  su “Gran Pijuán”, entre los  precursores de  la  música salsa en Barranquilla haciendo  sonar ahora  en el  cielo  tres  veces  consecutivas el “ Bomba Camará (Bomba camará/ pero qué rico está /bomba camará/y qué rico va/ bomba camará/ mira mi camará)”…conque los bailarines del  barrio Las Nieves y  el  barrio Montes, querían romperse contra  el  piso  la  crisma  antes de que  cantara el  gallo… Sirvió  para  todo tu  “Pijuán”, arrojando  a  la  ciudad “una guerra  de  música” vulnerable a  los  corazones sabedores de que “a las seis es la cita, no te  olvides…”

Con  la  respetable dignidad de  la  consideración que  nos tuvimos, hoy te  rememoro a  ti  viejo  Hugo y  a tu  artefacto  hacedor de bailes… y  en el  imaginario de  tu  viaje al  más allá,  te digo  esto:  protégelo de estas lluvias de  un  enero inexplicable y  asegúrate de  que  no  se  moje mientras yo muero a plazos en  la meteorología de  un  tiempo cambiante del  que nadie puede  decir si  sale  o  no con paraguas  a  la calle…

Un  aplauso estruendoso  a ti  viejo Hugo que dejaste abierta en Simón Bolívar.  con tu  muerte de acontecimiento, la controversia musical que esto  dice: “Hay una discusión en el barrio/de cómo se baila la pachanga/hay una confusión en el barrio/se cree que charanga es pachanga”…
Adiós  Hugo, en  honor  a ti, estas palabras motivadas en el  registro satisfactorio de escoger mi  nombre como  amigo…

walter53pimienta@hotmail.com

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