La invasión del Centro

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Ante las adversidades, sean estas de cualquier índole, el hombre siempre ha buscado la forma de subsistir. Esa ha sido nuestra naturaleza y el día a día va demostrando que ello encierra voluntad, fuerza, decisión e incentivo, para lograr la meta de todos: salir adelante.

En este contexto, existen muchos ejemplos y muestras de esa capacidad extra que poseemos los humanos para superar los inconvenientes. A esa capacidad, acompañado de la disposición que debe aportar la Administración Distrital, es a la que acudimos en esta oportunidad, para que se afronte con prontitud el problema que viene afectando al Centro de Barranquilla.

No es para nadie un secreto que allí, en ese amplio sector de la ciudad, donde confluye diariamente miles de personas y tiene en buena parte su campo de acción el dinamismo económico del Distrito, se ha entronizado la invasión del espacio público por parte de cientos de vendedores informales, entre ambulantes y estacionarios, originando un gran caos que también ha disparado los índices de inseguridad en la zona.

La situación actual no es comparable con ninguna otra en las últimas décadas. Lo que ahora se está observando es una invasión creciente y expansiva, originada en gran parte por la llegada masiva de venezolanos y compatriotas que del vecino país han regresado a Colombia, como resultado de la crisis que ha desatado el gobierno de Nicolás Maduro a lo largo y ancho de la República Bolivariana de Venezuela.

De hecho, en un recorrido que se haga por el Centro, resultará imposible transitar pequeñas distancias en corto tiempo. La congestión vehicular allí se complica por causa de los peatones que ante la imposibilidad de transitar por las aceras y andenes, deben bajarse a la vía para caminar. Y sobre las aceras, los vendedores de todo tipo de mercancías y productos que buscan la manera de subsistir.

Frente a esto, bien vale la pena insistir ante la Alcaldía Distrital y su Oficina de Espacio Público qué tipo de medidas o estrategias han sido trazadas y puestas en práctica para contrarrestar esa situación. Lo cierto es que no puede quedarse la administración de brazos cruzados ni pronunciarse sobre esta dificultad que ha ido tomando ribetes graves para el orden y la seguridad de Barranquilla, especialmente cuando en esa importante zona céntrica funcionan más de 5 mil establecimientos comerciales debidamente legalizados, que pagan impuestos y tienen derechos por los que debe velar la Alcaldía Distrital.

Como lo denuncian muchos ciudadanos a nuestro medio, el problema se puede convertir en algo más delicado y caótico, si se tiene en cuenta que en el país vecino las cosas van de mal en peor y ello se ha de reflejar en un mayor número de venezolanos inmigrantes, que llegarán a Barranquilla a buscar una forma de subsistencia, agudizando aquí la situación de inseguridad y de crisis social que hoy se puede apreciar en el Centro de la ciudad.

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