El concejal Luis Zapata estaba invicto

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Cuando los que llevan las antorchas adelante no saben para qué es la luz, los que les siguen, por muy pegados que vayan, están perdidos.

Los barranquilleros no aguantan más la inseguridad, la matazón, la atracadera, la violencia y el miedo en cada latido del corazón y al cruce de cada esquina, situación en la que, en vez de inversión social en lo humano, en la dignificación de la justicia y en la urgente depuración de la policía, la premian a través de un Código malicioso y represor que una gran parte de ese personal armado usa de manera ignorante, equivocada, arbitraria y, en el peor de los casos, en beneficio propio. Es haber desordenado de un golpe lo que no había terminado de ordenarse. El Alcalde reconoció públicamente que se “rajó” en materia de seguridad el año pasado (igual que en todos sus doce años de gobierno), pero no ha sido lo suficientemente responsable y coherente para avanzar más allá de los fallidos intentos superficiales y tendenciosos como aumento de la fuerza pública, drones, cámaras y helicópteros cazadores de cuerpos de delincuentes victimizados intelectual y culturalmente, mientras el chillido de los estómagos, el detritus de la ignorancia y el piramidal y desvirtuado ascenso del desempleo, aumentan cada día más y más y empujan a los jóvenes a delinquir para sobrevivir o a refugiarse en las drogas para después caer en sus garras y luego depender de ellas al extremo de, enfermos, verse obligados a robar y matar para poder estar tranquilos mientras sus víctimas, su propia gente, sufren en carne propia las consecuencias de esa fantasiosa y mortal tranquilidad. Esa es la real sinopsis del fenómeno de la violencia popular en la ciudad, pero su principal representante, ubicado en otros lugares, juega a la cacería de brujas y duendes donde no hay brujas ni duendes. Al Alcalde se le entiende un poco porque es un hijo de papi y mami que sólo aprendió a gobernar para el pequeño círculo social de su gente y no alcanza a entender el fondo sociológico del problema, pero da grima y desesperanza que en el Concejo Distrital, a pesar que no todos son lacayos y mandaderos del alcalde y hay algunos escombros de dizque izquierdosos, sólo haya habido uno que otro desoído pronunciamiento contra las fallidas medidas del Alcalde, y mucho menos siquiera una encaminada a la verdadera solución del desastre en que han convertido a la otrora ciudad más alegre del país. El Concejo, para los que no lo saben, es el encargado de legislar y definir todos los movimientos de la administración pública, y éste le transfiere al Alcalde lo definido para que lo ejecute. El Alcalde es un simple ordenador, pero su poder es tan grande que no sólo casi todos acatan silenciosa y fielmente sus erróneas y desgastadoras medidas, sino que hay quienes son más irresponsables incluso que el mismo Alcalde porque, como tienen tanta plata, se ríen de lo que les roban y toman hasta sus propias experiencias deportivamente. Veamos el caso reciente de un concejal que, para colmo de la desesperanza, no es un afiebrado o díscolo joven con la cabeza metida en el celular sino un encanecido señor de 71 años, aparentemente responsable. Se trata del concejal Luis Zapata, a quien atracaron y le robaron su camioneta kia Picanto blanco, pero contario a todo el mundo esperaba por su jerarquía administrativa, es decir la preocupación por la inseguridad al haberlo tocado, dio declaraciones con una sonrisa que demostró que no le dolió su valioso carro pues, como si se tratara de una hazaña, hizo viral una frase que dejó mucho que pensar: “Nunca había sido víctima de hurto, estaba invicto”. Adelanto algo: que forma tan fría e irresponsable de naturalizar  lo desnaturalizado.

Neorreal@hotmail.com                   

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